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Se buscan aventureros

7 mayo, 2014

Anuncio de Shackleton

Diciembre de 1913. Un extraño anuncio aparece en un periódico londinense donde se promete, en el improbable caso de éxito, honor y reconocimiento. Más de 5000 personas, afanosas de aventuras, responden afirmativamente al desconocido empleador, Ernest Shackleton. Sería el inicio de la Expedición Imperial Trasatlántica, y el final a su vez de la edad heroica de la exploración de la Antártida.

Una vez consumada la llegada al Polo Sur por Amundsen en 1911, el propio Shackleton dejó escrito que eso no significaba el final de las exploraciones meridionales, pues aún quedaba un último reto: atravesar, de costa a costa, el último continente. El anuncio publicado en aquel periódico no era más que la búsqueda de hombres que no temieran a nada, con altas posibilidades de pasar por las mayores penurias y que quizás, solo quizás, alcanzaran la gloria. La idea de Shackleton era sencilla. Navegaría con el buque rompehielos Endurance desde Londres hasta la Antártida, siguiendo la ruta del Atlántico Sur, con la idea de tocar tierra en el continente helado y atravesarlo a pie hasta el Pacífico Sur, donde el buque Aurora recogería a la exitosa tripulación.

El Endurance

La mala fortuna quiso sin embargo que el Endurance encallara antes de arribar a la Antártida, quedando atrapado entre bloques de hielo en enero de 1915. A pesar de los denostados intentos de Shackleton para liberar el buque, todos ellos resultaron infructuosos y el barco (con la tripulación a bordo) navegó a la deriva durante nueve meses, hasta que el capitán dio la orden de abandonar el refugio y comenzar una odisea por tierras inhóspitas en busca de su salvación.

En noviembre de ese mismo año el Endurance se hunde irremisiblemente, llevándose consigo al fondo del mar de Weddell las esperanzas de una tripulación cada vez más apesadumbrada, recordando con anhelo ese anuncio que les prometía gloria y que, sin faltar a la verdad, solo les había traído desgracias. Cargados con los escasos botes salvavidas, en abril de 1916 deciden echarse a la mar hacia la isla Elefante, un pequeño islote completamente inhóspito para la supervivencia.

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Alcanzado ese primer objetivo, y sabiéndose alejado de cualquier ruta marítima, la única opción de Shackleton era intentar llegar a los puertos balleneros de la isla Georgia del Sur, a más de 1200 km de distancia y sin cartas marítimas que pudieran guiarles. Equipados con un pequeño bote de apenas seis metros de eslora, el capitán recluta a cinco de sus hombres para acometer la supuesta última batalla, abandonando al resto de la tripulación en isla Elefante soñando por un rescate cada vez más alejado de la verdad.

Con vientos a favor lograron alcanzar el extremo meridional de Georgia del Sur tras un mes de navegación, abriendo ante sí un nuevo problema: estaban en el extremo opuesto de la civilización, debiendo elegir entre atravesar a pie un territorio desconocido o circunnavegar la isla en busca de ayuda.  Tres hombres se quedaron en el punto de desembarco. Shackleton y otros dos emprendieron un viaje de 36 horas por terrenos montañosos hasta alcanzar un bastión de la civilización. El contacto, tanto tiempo ansiado, con la humanidad.

Sin apenas descanso el capitán mandó rescatar a los hombres que estaban en el extremo sur de la isla, mientras armaba un nuevo buque, el Yelcho, para rescatar al resto de la tripulación todavía esperando en isla Elefante.

El 30 de agosto de 1916 el barco de rescate arriba a isla Elefante, haciendo realidad ese vano sueño de salvación de los 22 miembros de la tripulación de partida y emprendiendo, más de dos años después del inicio de la expedición, el camino a casa.

En 1920, cansado de conferenciar sobre su aventura, cansado de los resultados de la Gran Guerra, cansado del mundo, emprendió la que sería su última aventura polar, la exploración del mar de Beaufort en el Ártico. El 5 de enero de 1922, cuando el barco recalaba en Georgia del Sur rumbo a su destino, Shackleton fallecía a causa de un ataque al corazón. Su perseverancia y su tenacidad le llevaron a rescatar a toda la tripulación de la Expedición Imperial. Su perserverancia y su tenacidad le llevaron, también, a la muerte rumbo a lo desconocido. A la aventura, con peligros constantes, dudas sobre un regreso seguro, y honor y reconocimiento en caso de éxito.

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Razón no le falta

22 mayo, 2013

Las grandes empresas multinacionales invierten gran parte de sus beneficios en la investigación. Los países poderosos dedican sumas astronómicas a la investigación científica, tanto fundamental como aplicada. Y, sin embargo, en nuestro país, y más especialmente en Andalucía, la ciencia no tiene relevancia cultural. Aquí se oye más a los adivinos, echadores de cartas y otros farsantes que salen por la tele y escriben en periódicos, que a los científicos. Sentimos mucha admiración, y eso está bien, por nuestros escritores y pintores, pero casi nadie conoce ni comprende a nuestros mejores científicos.

[...]

Creo no equivocarme al decir que, si se conociera más a fondo la actividad investigadora de nuestras universidades e institutos científicos, y cómo se trabaja y se gasta el dinero disponible, tendríamos menos problemas para conseguir subvenciones. En definitiva, la investigación científica nos pertenece a todos y todos debemos conocer lo que cuesta y para qué sirve.

Principios para principiantes. Una iniciación a la física.

Alberto T. Pérez Izquierdo

Inefable, imposible, necesario

19 marzo, 2013

Con apenas 18 años, imberbe, nervioso, entró en el que sería su nuevo hogar durante los próximo años, dispuesto a devorar el mundo, a conocer lo insondable, a ponerle letras a lo inefable. Había escogido una carrera de las que llaman “vocacional”. Con pocas salidas profesionales. Al cruzar el umbral recordaba muchas preguntas que le hicieron, todas circundando la misma temática: ¿por qué ésa y no alguna que te garantice un futuro? Aún hoy no terminaba de tener claro el motivo.

Y allí, desde lo alto de la tarima, un profesor enjuto le dirigió la mirada. No era mayor, no era joven, no era más que una figura inerte enfundada en un traje marrón, con camisa blanca y una pajarita a cuadros. Todo él no era más que una mísera barba con la que jugaba a ratos, atusándola mientras fingía que ordenaba sus pensamientos.

Se hizo el silencio en el aula, se sentaron los recién llegados, y el profesor empezó a hablar. Sus palabras quizás no fueran exactamente éstas pero dijo, en esencia, algo que aterrorizó a muchos y enamoró a unos pocos. Dijo, con una voz apagada, apenas audible, que el estudio de los dragones comportaba varias fases. Y que todos terminarían aprendiéndolas siguiendo un preciso orden cronológico. Era importante respetar el orden, pues sólo así se podría entender la existencia de los mismos.

Todos los alumnos se miraron extrañados. En aquella facultad, en el llamado Templo del Conocimiento, ¿por qué se hablaba de seres mitológicos? ¿Qué relación tenían aquéllos con los conocimientos que esperaban obtener?

Comenzó hablando del primer año, que se dedicaría al estudio morfológico de los dragones. La diversidad de los mismos en función de su origen, si los brazos estaban unidos al ala o tenían entidad propia. Su corpulencia, el contrapeso que ejercía la cola frente al largo y poderoso cuello, etc.

Durante el segundo año, continuó, hablarían de la genealogía de los mismos. Las distintas casas en las que se distribuyen y el color que los caracteriza. Dragones negros como la noche más oscura, con escamas de obsidiana que titilan como estrellas al ser iluminadas por el sol. Dragones del color del fuego, de cuyas fauces emana el calor del mundo…

El tercer y penúltimo año estaría dedicado a su hábitat y sus costumbres. El porqué de su soledad, de su afición por el oro y las joyas. La semi-hibernación en la que viven aguardando el tiempo del despertar. El regusto por la sangre de vírgenes y héroes que acuden en su búsqueda. Sus motivaciones y su desdén por la raza humana. Su carácter taimado. Su ira. Su odio.

— ¿Y el último año?  preguntó un inquieto alumno, ya absorto por la historia que les estaba contando el profesor.

— El último año entenderán que los dragones son seres irreales. Que no existen, y que su tarea después de todos estos años no será otra que mantenerlos vivos en la memoria y enseñar, a las futuras generaciones, sobre la importancia de que continúen con nosotros.

Algunos salieron de aquella clase apesadumbrados, sin saber qué quiso decir. Otros, en cambio, sonrieron y entendieron que aquello les describía, perfectamente, lo que en realidad iban a estudiar en los próximos años.

Crónicas de una carrera ejemplar.

Versionando, que es gerundio (I)

7 marzo, 2013

Año 1973. Deep Purple lanza su octavo disco titulado Burn, en el que se encuentra el tema que da título a éste:

Año 2009. W.A.S.P. lanza su (hasta la fecha) último álbum de estudio en el que incluyen una versión del anterior:

Leer más…

Es peligroso ir Solo

5 marzo, 2013

Porque es importante tener un entorno de trabajo acogedor…

Take a wookie with you!

Take a wookie with you!

El original, descargable e imprimible, aquí.

Cuarenta y dos es la respuesta

3 marzo, 2013

El mundo es necesariamente como es porque hay seres que se preguntan por qué es así

Enunciado del principio antrópico.

Supongamos que somos unos aficionados a la Astronomía. Y queremos, por curiosidad, ver cómo funciona nuestro Sistema Solar. Aunque lo ideal sería poder escapar (salir) de nuestro barrio, para poder ver desde un cómodo sillón espacial el movimiento de los planetas, parece que actualmente es algo complicado. Baste decir que la Voyager I, que partió de la Tierra hace ya 35 años, es la única nave que se ha adentrado en el espacio profundo, en los confines del Sistema Solar.

Si queremos conocer el movimiento de nuestro barrio podemos plantear un sencillo experimento. Usando un ordenador, fijemos un conjunto de puntos (planetas) y démosles el movimiento correcto de forma que obtengamos un bonito Sistema Solar en nuestra pantalla. Parece sencillo: ocho planetas (el pobre Plutón quedó fuera del reparto) a la distancia adecuada, un sol bien grandote en el centro, y a ver qué ocurre. Anticipo a los avezados lectores el resultado: probablemente los planetas más cercanos al Sol sean inmediatamente engullidos por éste, Júpiter y Saturno colisionen entre sí esparciendo asteroides por todo el mapa, Neptuno se aleje irremisiblemente del entorno, y finalmente a los pocos segundos no quede nada parecido a lo que nosotros conocemos como “casa”. Parece que nuestro modelo era demasiado sencillo, y necesitamos añadir algunas variables nuevas para que todo funcione como efectivamente parece que funciona. Podemos buscarnos a un par de astrofísicos que nos orienten un poco sobre qué necesitamos para nuestra simulación y confeccionar nuestra propia lista de la compra:

INGREDIENTES PARA UNA BUENA SIMULACIÓN DEL SISTEMA SOLAR

En definitiva, lo que parecía una tarea sencilla se ha vuelto algo bastante complejo. Tanto es así que cabría decir, sin excesivo rigor pero sí con bastante acierto, que estamos aquí por un conjunto de casualidades con una probabilidad tan baja, tan baja, que deberíamos sentirnos afortunados de nuestra mera existencia. Son tantos los ingredientes (los eventos) que nos pueden abocar a la destrucción en cualquier momento que cada segundo en este planeta es un regalo. Vivimos, en suma, en un mundo altamente inestable, a merced de fuerzas inconmensurables que pueden acabar con nuestra existencia tras un leve pestañeo. Entonces, sin entrar en argumentos religiosos (después de todo, Laplace nunca necesitó esa hipótesis) o tautológicos ¿cómo es posible que estemos vivos?

Resulta difícil no maravillarse con la complejidad (y exactitud) de nuestro entorno. Tenemos un sol en una etapa estable, de tamaño medio, que no pulsa ni escupe excesiva radiación. La Tierra está a una distancia tal que no está completamente helada por el frío, ni completamente abrasada por el calor. Júpiter, por su tamaño, capta la atención de casi todos los cuerpos celestes que intentan colisionar con nosotros, actuando como un verdadero escudo protector. Vivimos en un barrio tranquilo de la Vía Láctea, alejado de agujeros negros y demás elementos que perturbarían nuestro descanso. El interior de nuestro planeta origina un campo magnético que nos protege de la radiación solar. Una atmósfera de CO2 que estabiliza la temperatura mediante efecto invernadero. Una capa de ozono que nos cobija… ¿Cuál es la probabilidad de que todos estos factores actúen, de forma conjunta, en el mismo lugar y tiempo posibilitando la vida? Parece complicado, cuando no imposible, no recurrir a “factores externos”, divinos, que justifiquen el porqué de nuestra existencia.

Hay, sin embargo, un pequeño argumento estadístico que está a nuestro favor. Si bien la probabilidad conjunta de todos los eventos anteriores es baja, el enorme, gigantesco, gargantuesco tamaño del Universo hace que, en suma, en algún sitio todos ellos puedan convivir en paz. ¿Hemos sido entonces tocados por una mano divina que nos ha colocado justo en el lugar y momento correctos? ¿O toda nuestra existencia se basa en un conjunto de casualidades fortuitas sin razón de ser?

La respuesta al sentido de la vida, el universo y todo lo demás es, como no podía ser de otra manera, 42.

La oscuridad es tu aliada

21 febrero, 2013
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¿Crees que la oscuridad es tu aliada? Tú solo adoptaste la oscuridad. Yo nací en ella. Ella me moldeó. Yo no vi la luz hasta que fui un hombre. ¡Y entonces era simplemente cegadora!

Las sombras te traicionan porque me pertenecen a mí.

Bane, El Caballero Oscuro: La leyenda renace.

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