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La triste historia de Mickey Malloy

4 diciembre, 2008

Enero de 1933, Estados Unidos. Michael Malloy es un vagabundo alcohólico que deambula por Nueva York sin objetivo ni destino fijo. Hasta que cinco hombres, conocidos suyos, urden un maquiavélico plan. Es un vagabundo sin familia y sin futuro, así que nadie lamentaría su muerte; nadie salvo una compañía aseguradora, pues estos cinco amigos habían conseguido hacerle tres seguros de vida y, ¡sorpresa!, ellos eran los beneficiarios.

Realmente no había mucho que hacer, sólo dejar que el pobre hombre muriese. Aunque nunca viene mal una ayuda. Tony Marino, uno de los cinco malhechores, regentaba una licorería ilegal (EE.UU. era víctima en aquella época de la malograda Ley Seca), así que se propuso darle crédito ilimitado a Mickey para acelerar su declive. Para su sorpresa, nuestro protagonista bebía incansablemente durante todo el día cantidades que tumbarían a cualquier persona normal; menos a él, que día tras día volvía a por su ración de alcohol. Había que cambiar de estrategia. Anticongelante, trementina, liminento para caballos, raticida… Todo ello mezclado en el whiskey y aún así Mickey seguía en pie. Ostras envenenadas, bocadillos de sardina con clavos y cuchillas de afeitar… Nada, absolutamente nada, acababa con él.

La siguiente opción fue emborracharlo y dejarlo inconsciente en un parque en el frío enero (-26ºC) de Nueva York, con el pecho desnudo y empapado, a esperar a que se congelase. Cuando todo parecía que había funcionado, Mickey volvió a aparecer al día siguiente en la licorería esperando a que le sirvieran.

Montados en un taxi lo atropellaron a más de 70 km/h. Cuando una ambulancia se lo llevó de urgencia al hospital, los conspiradores estaban eufóricos. ¡Lo habían conseguido! Claro que, cuando tres semanas después volvió a la licorería, la desesperación se apoderó de ellos: introdujeron una manguera en su boca y le insuflaron gas a presión.

La versión oficial dictaminó que había muerto por una neumonía y fue enterrado rápidamente. Por desgracia para los maleantes, sus rencillas personales llegaron a oídos de la policía, que conoció de la existencia de un tal “Mickey Malloy”, ordenando exhumar el cadáver y procesando a los cinco.

Cuatro de ellos terminaron en la silla eléctrica.

http://en.wikipedia.org/wiki/Michael_Malloy

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2 comentarios leave one →
  1. 5 diciembre, 2008 12:58

    Ése sí que era duro de matar y no los malos de las pelis de acción O_O

  2. 6 diciembre, 2008 20:43

    ¡¡Guau!! este hombre era cuasi-inmortal!! ;)

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