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Juramentos

12 octubre, 2009

Ante Dios humillado, en pie sobre la tierra vasca, en recuerdo de los antepasados, bajo el árbol de Guernica, juro desempeñar fielmente mi mandato.

Juramento del Lehendakari al tomar posesión de su cargo.

Encontré en el blog de Urrutia Elejalde las palabras con las que históricamente los presidentes del País Vasco accedían a su cargo: frente a un emblemático roble, con un crucifijo milenario y ante la primera Biblia traducida al vasco. Al margen de las connotaciones religiosas, creo que es uno de los juramentos más emotivos que he leído nunca.

Hilvanando un poco llegué al texto que marcó el nacimiento de la lengua francesa en el siglo IX: Los Juramentos de Estrasburgo. En ellos se expresa la voluntad de dos de los nietos de Carlomagno (Carlos y Luis) de confabularse contra su hermano Lotario:

Por el amor de Dios y por el pueblo cristiano, y por nuestro bien común, a partir de ahora, mientras Dios me dé sabiduría y poder, socorreré a este mi hermano Carlos con mi ayuda y cualquier otra cosa, como se debe socorrer a un hermano, según es justo, a condición de que él haga lo mismo por mí […]

Juramentos de Estrasburgo.

Pero, sin duda, los juramentos más grandilocuentes nos han llegado a través de la fantasía de los literatos. El Romance de los Tres Reinos es una novela histórica que relata el periodo comprendido entre el final de la distanía Han (aprox. 150 d.C.) y la unificación de China el año 280 d.C. Considerada una de las cuatro novelas clásicas chinas, el juramento que se pronuncia en ella es hoy tomada por numerosas sociedades secretas como acto de unidad y sumisión a la comunidad:

Cuando decimos los nombres Liu Bei, Guan Yu y Zhang Fei, aunque los apellidos sean diferentes, venimos juntos como hermanos. De este día en adelante, uniremos nuestras fuerzas para un propósito común y para ayudarnos entre nosotros en momentos de crisis. Vengaremos la nación desde arriba, y pacificaremos a los ciudadanos desde abajo. No buscamos nacer el mismo día, ni el mismo mes ni el mismo año. Nos limitamos a la esperanza de morir el mismo día, en el mismo mes y en el mismo año. Que los dioses del cielo y la tierra den testimonio de lo que está en nuestros corazones. Si alguna vez debemos hacer algo para traicionar nuestra amistad, que los dioses desde el cielo nos golpeen hasta morir.

Juramento del jardín de los melocotones.

J.R.R. Tolkien, en El Silmarillion, hizo que Fëanor y sus siete hijos pronunciaran el siguiente juramento después de la muerte de Finwë:

Sea amigo o enemigo, ominoso o luminoso,
engendro de Morgoth o brillante vala,
elda o maia, o después nacido,
hombre aún por nacer en la Tierra Media,
ni ley, ni amor, ni alianza de espadas,
temor ni peligro, ni el destino mismo,
lo defenderán de Fëanor, y de la prole de Fëanor,
a quien ocultase o atesorase, o en su mano tomase,
encontrando vigilado o lejos arrojado
un Silmaril. Esto juramos todos:
muerte le daremos antes que acabe el día,
¡maldito hasta el fin del mundo! ¡Oíd nuestra palabra
Eru Ilúvatar! Con la sempiterna
oscuridad seamos malditos si el juramento rompemos.
¡sobre la montaña sagrada oídlo como testigos
y nuestra promesa recordad, Manwë y Varda!

Juramento de Fëanor.

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One Comment leave one →
  1. 13 octubre, 2009 13:11

    Y así les fue a los Noldor… malditos todos aunque no rompieran el juramento…

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