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El guf

14 diciembre, 2012
Dante y Beatrice miran hacia el más alto Cielo, de Gustave Doré.

Dante y Beatrice miran hacia el más alto Cielo, de Gustave Doré.

Cuentan en la Cábala que, en el Jardín del Edén, junto al Árbol del Conocimiento del Bien y del Mal, se encuentra el Árbol de la Vida. De este árbol, que otorga la inmortalidad a quien se alimente de sus frutos, emanan las almas de quienes han existido o existirán. Almas que son depositadas en el Guf: el Tesoro de las Almas.

El Tesoro se encuentra en el Séptimo Cielo, Araboth, custodiado por los ángeles y rodeado de numerosos tesoros. Las almas que allí aguardan a ser recogidas brillan espectacularmente, confiriendo al Tesoro un aire de riqueza, no tanto por la luz que emana del mismo, sino por el contenido que en él ha depositado el Árbol de la Vida. Las más brillantes corresponden a los más puros de corazón, y dichosos serán los hombres que porten esas almas. El Diablo, en su afán por traer el Caos, protesta cada vez que un alma pura va a nacer, tratando de retener las almas más brillantes durante miles de años.

Antes de nacer alguien, el arcángel Gabriel deposita su mano sobre el Guf y coge el alma más cercana, otorgándole vida al ser humano que vendrá al mundo. Dicen que los gorriones pueden ver las almas descender a la Tierra, y que esta visión es el origen de su canto. Lailah, Ángel de la Noche, velará por el no nacido hasta que su madre dé a luz.

Si bien algunos piensan que el Guf es infinito, numerosos rabinos coinciden en darle finitud al mismo. De esta forma, cuando la última alma abandone el Guf, los gorriones callarán, nacerá el primer ser humano sin alma, y será él quien anuncie la llegada del Fin del Mundo:

12:1 Apareció en el cielo una gran señal: una mujer vestida del sol, con la luna debajo de sus pies, y sobre su cabeza una corona de doce estrellas.
12:2 Y estando encinta, clamaba con dolores de parto, en la angustia del alumbramiento.
12:3 También apareció otra señal en el cielo: he aquí un gran dragón escarlata, que tenía siete cabezas y diez cuernos, y en sus cabezas siete diademas;
12:4 y su cola arrastraba la tercera parte de las estrellas del cielo, y las arrojó sobre la tierra. Y el dragón se paró frente a la mujer que estaba para dar a luz, a fin de devorar a su hijo tan pronto como naciese.
12:5 Y ella dio a luz un hijo varón, que regirá con vara de hierro a todas las naciones; y su hijo fue arrebatado para Dios y para su trono.

Libro de las Revelaciones, Nuevo Testamento.

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